Sola, esperaba nuestras visitas diarias para comprobar que no le faltaba nada. Al poco tiempo, India viajaba en el coche para ir al veterinario cuando una diminuta figura marrón se dejaba ver en la Avenida Yecla. El termómetro marcaba 0 grados y un perrito intentaba dormir hecho un rosco detrás de un banco. Paramos el coche, India miró por la ventanilla y así vio de nuevo a su hermano, bautizado como Apache. Las costillas eran su carta de presentación, junto a un arañazo en la mejilla que algún felino más acostumbrado a la vida en las calles debió propinarle en sus intentos de conseguir comida.
A partir de aquí, en pocos días una pareja de hermanos felices con especial aprecio a pasear entre oliveras, jugar y seguir a cualquier persona que les haga caso sin separarse de sus pasos.
Y después, la historia de siempre, quererles con la misma intensidad con la que se desempeña la búsqueda de un hogar para ellos. Muchas persona se interesaron por India ( unas 8 familias), por Apache, ninguna.
Pero llegó una llamada de las que no se reciben en meses. Por medio de una web que busca dueño a animales abandonados (gracias de nuevo) la familia perfecta para cuidarles decidió que no debían separarse.
¿Qué como sigue la historia?. Tras un largo viaje y una despedida rápida pero muy sentida, India y Apache llegaron a Algeciras. Una casa al lado de un gran paraje natural y una familia dispuesta a darles la vida que alguien decidió que no merecía la pena.
Os pongo las fotos del antes y el después. No hay fotos de Apache al principio, pero a día de hoy todavía es mucho más asustadizo y miedoso que su hermana, pasó más tiempo en la calle y llegó a estar muy desnutrido.
India en la calle.
Apache tristón recién llegado.
El reencuentro.

En Algeciras.